miércoles, 13 de octubre de 2010

El rescate del siglo alivia las 'venas abiertas' de América Latina





Labores de rescate de mineros atrapados en Chile



Millones de personas en todo el mundo siguen con expectación, minuto a minuto y en directo, el milagroso rescate de los 33 mineros chilenos atrapados desde el pasado 5 de agosto en una mina en el desierto de Atacama. El acontecimiento ha suscitado tal expectación que en la zona del yacimiento hay congregados más de 1.600 periodistas de unos 300 medios extranjeros, la mitad de ellos televisiones. Todo para relatar en directo y al dedillo un éxito, como pocos. Fue precisamente cuando se supo que el rescate tenía todos los números para ser un éxito cuando el mundo informativo se volcó en el suceso y a él se añadió el político, que fue para vestirlo de patriotismo, marketing político. La misión: exportar al mundo que Chile, un país que lucha por emerger hacia la primera línea latinoamericana, es una nación moderna, unida, y con gran proyección de futuro.
La inicial tragedia de los 33 mineros se ha convertido en la plataforma ideal para proyectar la imagen del presidente de Chile, el empresario derechista Salvador Piñera, elegido presidente en enero de 2010 en sustitución de Michelle Bachelet, que llegó al fin de su mandato con una consideración más que notable entre el 81% de los chilenos. El drama de una operación de rescate de 33 mineros, una de las profesiones más duras, mal pagadas, y poco valoradas de América Latina, se ha convertido en el lazo ideal de Piñera, del líder de la derecha chilena, con el estrato social más pobre y menos afín a su política.

Sin embargo, la repercusión del suceso se ha multiplicado tanto que se ha convertido en la fuente latinoamericana del beneficio político. Países de todos los colores se han apuntado en algún momento a las mieles popular del "rescate del siglo". Como cameos en una película de gran éxito, los dirigentes latinoamericanos han desfilado por la superproducción de los 33. Desde el presidente peruano Alan García, la argentina Cristina Fernández, el polémico Hugo Chávez, el brasileño Lula, hasta el colombiano Juan Manuel Santos, se han apuntado al gesto de felicitación y de hermanamiento con el pueblo chileno, con su presidente y, por supuesto, con los mineros atrapados.

La fuerza del espectáculo ha sido tal que el "feed back" entre dos naciones históricamente enfrentadas como Chile y Bolivia ha tomado los tintes más amables de los últimos años. Evo Morales indicaba que el rescate de su compatriota Carlos Mamani, uno de los 33 mineros, "unen mucho más a Chile y Bolivia". "Es un hecho histórico e inédito que une cada día más y más. Trae una mayor confianza entre Bolivia y Chile y, sobretodo, entre los presidentes", señaló el mandatario. "Para el pueblo boliviano será inolvidable el esfuerzo del presidente Piñera. Muchas gracias por el rescate de nuestro hermano" añadió. Un gesto tan inédito como importante para un continente donde no son habituales y en el que las disputas entre países vecinos resultan un duro contratiempo para el progreso social.

Incluso el presidente de EE.UU. Barack Obama, aseguraba que el rescate de los 33 mineros atrapados en Chile es un evento con el que el país sudamericano "ha inspirado al mundo"  y  que "es un tributo no sólo a la determinación de los rescatistas y del gobierno chileno, sino también a la unidad y resolución del pueblo chileno, que ha inspirado al mundo".

Las galerías y galerías de minas se han convertido en "Las venas cortadas de América Latina". Este libro de culto de la izquierda latinoamericana, el mismo que Chávez regaló a Obama en una reunión de UNASUR en 2009, el uruguayo Eduardo Galeano narra el porqué del hambre, la miseria, la esperanza y las luchas de esta geografía sembrada de cantos y de sangre. La esperanza de 33 mineros se ha convertido en la fe de los latinoamericanos, y la fe mueve montañas… y sostiene el poder.

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